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Las luces y sombras del 'fracking' en la explotación de petróleo

Colombia se encuentra en la recta final de su camino para tomar la decisión sobre si permitirá o no la explotación de petróleo a través de la herramienta no convencional del fracking. Pero el debate no es nuevo. En Estados Unidos este se desarrolló hace ya varios años, dando paso a un auténtico laboratorio en el que la prueba y el error transformó una industria que, aún hoy, presenta luces y sombras.

El éxito de su presente para la industria petrolera es innegable. Mientras que a principio de la década la producción del país estaba por debajo de los 5 millones de barriles diarios (bpd) –lo que le obligaba a importar el 50% de la demanda interna–, hoy alcanza más de 12 millones, convirtiéndose en el mayor productor mundial y con planes de empezar a ser un exportador. 

En su reciente visita a Bogotá, el secretario de Energía de EE. UU., Rick Perry, señaló que “nadie sabe realmente cuál es el límite potencial del fracking en el país”. Y una vez más, los datos le dan la razón por ahora, pues hay quien se ha llegado a aventurar que la producción podría superar los 20 millones de bpd. 

Pero las cifras también le dan la razón a los opositores. Información facilitada por Sierra Club, una de las organizaciones ambientales más influyentes de Estados Unidos, dice que por cada pozo que se desarrolla, se gastan unos 2,5 millones de barriles de agua dulce, líquido al que se le mezclan cientos de químicos. 

Además, por cada barril de petróleo que se extrae, salen 50 de agua residual. Cabe decir que más del 90% de esta agua contaminada no se puede reutilizar y se inyecta bajo tierra. 

Y no es el único dato que ha puesto en cuestión el fracking en Estados Unidos. Tan solo en el estado de Oklahoma, una de las regiones que enfrentó más retos con este método de extracción, en los últimos seis años se llegaron a registrar, en promedio, 1.250 terremotos al año de entre 4,1 y 5,1 en la escala Richter, e incluso 9.000 en los peores periodos. Esto provocó daños en infraestructuras por un valor superior a US$4.000 millones. 

Vale la pena anotar que, de acuerdo con representantes de la industria, ese problema ya se identificó -que se daba por reinyectar el agua con demasiada presión- y eso fue solucionado.

UNA LARGA HISTORIA DE PRUEBA Y ERROR

Aunque la denominación de fracking, término para señalar la extracción de hidrocarburos no convencional por fracturación hidráulica, es relativamente nuevo, la historia de esta técnica no lo es. 

De hecho, en Estados Unidos, la extracción por fracturación vertical se lleva haciendo desde la década de 1930. Incluso, como explica un miembro de un bufete de abogados de Denver, Colorado, el cual está especializado en hidrocarburos, “en el país se llegó a usar uranio para hacer fracking, pero derretía la roca”. 

De igual forma, incluso en la década del 2000, la falta de los estándares correctos en los pozos llegó a generar problemas como fugas de residuos a pozos privados, filtraciones a acuíferos, emisiones de gases como metano o los mencionados temblores, según explica Johnson Bridgwater, director del capítulo para Oklahoma de Sierra Club. 

Esto hizo que el país impulsara la regulación alrededor de la operación. Como indica un asesor del Departamento de Comercio de Estados Unidos, bajo condición de anonimato, “entre 2010 y 2011 fue cuando realmente se identificó el potencial y rentabilidad, y ahí también empezaron a quedar problemas como los miles de camiones que transportaban el agua, la destrucción de carreteras o el impacto ambiental. En ese entonces empieza una mayor presión ciudadana para tener estudios que demuestren los efectos”.

Tras varios intentos legislativos, según miembros de la Oficina de Administración de Tierras del país, fue en 2015 cuando a nivel federal se presentó la principal regulación del tema, la cual, a día de hoy, sirve como un punto de partida que cada Estado ha implementado a su discreción. 

Entre los principales puntos que establecen estas regulaciones están temas para impulsar la prevención de problemas y el plan de contingencia, y están centradas en la integridad del pozo y mecánica, la información completa (desde las características del pozo hasta los químicos que se utilizan), y la regulación de los acuíferos o la distancia a la que deben estar las instalaciones de viviendas y otras infraestructuras. 

MEJORA DE TECNOLOGÍA

Pero el fracking actual no es el mismo que se hacía hace décadas, y en los últimos años se ha desarrollado desde la perforación de pozos verticales a horizontales. Esto significa que, mientas que antes los pozos se extendían por toda la zona de extracción, ahora con un solo pozo se cubre una zona de aproximadamente dos millas. 

Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, entre 2006 y 2019 el número de pozos verticales ha caído de 207.030 a 684 este año, “lo que supone una reducción muy grande del impacto que la industria tiene en la superficie”. 

Este y otros aspectos son los que, hoy en día, llevan a la industria petrolera a decir que “se puede hacer fracking de la manera correcta”. Donald Burdick, CEO de Olifant Energy, asegura que “sin duda este es un negocio complicado, en el que hay que tener cuidado con todo. La industria realmente debe ser responsable, decir la verdad y reconocer los errores. Yo diría que sí se puede hacer de una forma segura”. 

Por su parte, Erdal Ozan, profesor especializado en energía de la Escuela de Minas de Colorado, resalta que “creo que la industria está haciendo un mejor trabajo de protección, al menos al comparar con la minería. Por supuesto, hay un beneficio económico y el impacto en la superficie hoy es pequeño. Claro, hay un precio que pagar, pues todo lo que hacemos tiene impacto y siempre habrá un riesgo. Por eso si se toma la decisión de hacerlo, tiene que ser de forma responsable y limpia”. 

Ante esto, el retorno a la sociedad varía dependiendo de Estado a Estado. En Colorado, por ejemplo, da empleo a 40.000 personas y réditos de US$30.000 millones al año, al igual que ocurre en Oklahoma gracias a los impuestos de extracción. En Alaska, el 75% de su presupuesto viene del sector. Colorado y Oklahoma, que sufrieron una crisis con la caída del precio en 2014, se han podido recuperar con la industria. 

TEMOR CIUDADANO

A pesar de los avances, las mayor regulación o la menor huella en la superficie, el apoyo en Estados Unidos al fracking sigue estando totalmente polarizado. Sin ir más lejos, en Colorado, el año pasado se celebró un referéndum en el que la cuestión de su prohibición estuvo sobre la mesa. 

Y aunque el resultado fue favorable a la extracción, la campaña, que costó unos US$40 millones, solo ha dejado un apoyo actual al fracking del 51% en el estado.

Y la situación no estaría mejorando. Tal como indica una legisladora demócrata del estado de Delaware (en el que no está permitida la actividad), “tenemos una gran cantidad de dióxido que está llegando a nuestro territorio y los ciudadanos están muy preocupados por la contaminación, cuyo 90% viene de estados que practican el fracking. 

Esto hace que haya más gente en el hospital y que haya problemas de asma. Sentimos que con el Gobierno de Donald Trump, la legislación tiende a ser más laxa”. 

Junto a Delaware, otros Estados como Nueva York, Maryland, Vermont o Massachusetts han prohibido la extracción por fracking. 

Pero la polución en el aire no es la única preocupación. Según un representante de la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales (NCSL por sus siglas en inglés), “también hay una alta preocupación por los químicos que se utilizan y las posibles filtraciones al agua”. Bridgwater agrega que “no hay nada más importante que el agua”. 

Varios expertos también critican el hecho de que aunque el fracking ofrece un crecimiento muy grande al principio, “en tres años se extrae todo el gas natural. Los trabajos pagan bien, pero no duran tanto. Las renovables, por su parte, se mantienen en el tiempo. Por eso, una recomendación es extraer solo lo necesario para desarrollar este tipo de energías limpias”. 

Con todo esto, el debate en Estados Unidos alrededor de esta extracción está lejos de terminar. Todas las partes coinciden en que siempre habrá un precio que pagar. ¿Todos están dispuestos a pagarlo? Para Ozkan, este es un precio que es necesario pagar, mientras que para Bridgwater, este costo es tan alto que “no vale la pena, ni de lejos”. 

INDUSTRIA ACTUAL

La industria del fracking se ha desarrollado a tal nivel en EE. UU. que se ha convertido en el principal productor mundial de crudo, con 12 millones de bpd.

Se estima que hay unos 146.137 pozos que ya han recibido algún tipo de desarrollo de fracking. Mientras tanto, a nivel general, sin contar con Alaska y las operaciones offshore, ese país tiene un total de 2.829.675 pozos petroleros, de los cuales 2.460.568 pozos son verticales, 279.995 son horizontales y 89.112 son direccionales, según datos de Drillinginfo.

COLOMBIA ESPERA DESPEJAR EL CAMINO

En Colombia, actualmente hay tres proyectos piloto para la operación de los Yacimientos no Convencionales (YNC) a través del fracking. Estas tareas experimentales correrían por cuenta de Ecopetrol (en el Magdalena Medio y que ya radicó licencia), ExxonMobil y ConocoPhillips.

Pero, por lo pronto,el país espera despejar el camino ante dos informes recientes sobre el tema. El primero, de la Comisión de Expertos creada por el Gobierno Nacional, recomienda el desarrollo de un piloto integral de exploración mediante fracking, que sea experimental, bajo supervisión técnica, con verificación independiente y participación de las comunidades. 

Y si bien sus observaciones no son vinculantes para el Gobierno, este podría incorporarlas por la importancia que tiene la operación en los YNC para la recuperación de las reservas y para no perder la autosuficiencia petrolera.

El segundo informe fue ordenado por el Consejo de Estado a expertos y catedráticos de la Universidad Nacional para resolver interrogantes sobre la ejecución de la técnica, dentro del proceso de nulidad que interpuso un ciudadano al desarrollo del fracking.

El magistrado ponente Ramiro Pazos pidió a la Unal, como una de las pruebas en el proceso, realizar un dictamen pericial el cual debe entregarse en un plazo no mayor a tres meses, debe despejar dudas como el efecto en la salud humana, en el medioambiente, en el futuro energético del país, y en los compromisos ambientales suscritos por Colombia, entre otros.

Fuente: https://www.portafolio.co/economia/las-luces-y-sombras-del-fracking-en-la-explotacion-de-petroleo-530428

Nota: 

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